(Fuente: showyourselfnaked, vía textmesomethingdirty)
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Por Barb Pistoia.
¿Qué hay después del después?
Tu después, mi revés.
Ir a volar las voces que escondes en un silencio aunque allá en tu mar adentro se van sublevando bosques magnéticos por el auge de mis deseos, esos atrevidos que van anclados en algún rincón de tu pantalón húmedo y te nublan el nuevo aterrizaje. Tu ambición es secarlo, es secar todo lo que esos besos que te llevas demás despiertan y vos no queres darles un “buen día, día… “. De seguro ya tenés una tonta de esas que te encantan para mostrar e inmunizar tu demonio de entrepierna voraz, ese churro que puso tijeras a su origen para fijarse en alguien como yo. Nada de lo que te di te vas a olvidar. Te mintieron mucho, te confundieron los valores y ahora estás amarrado a la bandera del callar como si eso fuera de buen marinero reflexivo que no hizo nada de todo lo que, oh por el amor de Bjork gracias que sí, me hizo. Indiferencia es amor no resuelto, violenta proyección que te acalora la mente mientras necesitas tocarte largo y tendido para evaporar todo lo que no salís a blanquear, blanquearte. Bancátela.
Vos frotándote en el depósito de orgasmos que inauguré en tu inexperta cocina de placeres, y yo rogándote transar cada milímetro de tu cerebro hasta dejarlo pipicucú para el verano del fin del mundo. “Si el mundo se transforma, lo justo sería que nos encuentre a los dos cuchareando”, anhelé en la noche ventosa y casi última de primavera. Curandera suspiré varias veces tu nombre y dibujo flores en el cielo mientras mi escoba nueva me las riega bien regadas.
¿Quién sabe quién?
Mi después, tu revés.
Hay un pezón dando la espalda a la ventana que guía al Sol para que penetre hasta erosionar la lactancia que necesitarás cuando el agua nos enfrente a todos con todos… Sentir es concentración y vivir no lo sé pero debe tener que ver con eso. Miras fijo y va todo tan fugaz que parece un timbre. ¡Un timbre, joder! Ese que tentás de tocar pero achicado pegas una y media vuelta de carnero sabiendo que la respuesta será siempre ir por más. La radio AM pasa “un millón de años luz”. Sensual estira sus aspas y entre sus brazos a lo King Kon me sostiene, me salva… Mi garganta luminosa quema ardiente la canción de otro y hago coros frente a sus alas refrescantes triturando tus susurros de sube y baja… Acabé sintiéndome diva de boca de subte, sin final fatal y aprendiendo la lección del pequeño Rey de la limpieza micro biótica que sin complejo inferior de huracán rescata ese instante en el que un tsunami sacude tu presente esforzado y te empuja para dejarte again con el amor podrido en la cara.
¿Dónde irse cuando no hay dóndes?
Nosotros, nuestro revés.
Fotosíntesis y viento sin punto cardinal. Si hay luz, siempre hay un rumbo mejor.
Desabrochar el corpiño como ritual que se termina el día y entonces sabrás de pe a pa que sí… mañana es una nueva oportunidad. Cualquier duda, consulte con su ventilador amigo. Cuánto más cerca el rostro, más alto vuela el flequillo y más libre deja la mirada. Cuánto mayor la voz que convidas, más transmutada se la devolverá al Universo. Todo un ticket a la inocencia, todo un túnel purificador.
Me acerco y murmullo: arrasá con todo.
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Blue(s) por Maximiliano Jozami
Quiero ser negro
cuando sea grande
quiero ser negro
voy a cantar
que estoy triste
que mis dientes son tan blancos
y los señores van a poner mis discos
junto al licor de las señoras
Quiero ser negro
y conocer el mar
por foto
o por recuerdos
de los abuelos
de mis abuelas
Quiero ser negro
y tener excusa
para aguantar.
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La ciudad es un ruido callado. Un otoño ceniciento. Un silencio hecho de fuegos que trepan por tu ventana. Y vos estás ahí. Yo sé que estás ahí. Porque tu ausencia es un dibujo en el aire que te delata en la espesura. Un punto de luz clara que tiembla en el agua. Una silueta velada que espera lo inesperado sobre el abismo de asfalto y sal que nos separa.
Texto: Bruno Cirnigliaro
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Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
-¡Ayúdame a mirar!
(Eduardo Galeano).
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Desvelo (Autoretrato)
La fotografía no dice (forzosamente) lo que ya no es, sino tan sólo y sin duda alguna lo que ha sido. Tal sutileza es decisiva. Ante una foto, la conciencia no toma necesariamente la vía nostálgica del recuerdo (cuántas fotografías se encuentran fuera del tiempo individual), sino, para todo foto existente en el mundo, la vía de la certidumbre: la esencia de la Fotografía consiste en ratificar lo que ella misma representa.
Fragmento de “La cámara lúcida” - Barthes
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Amares (Eduardo Galeano)
Nos amábamos rodando por el espacio y éramos una bolita de carne sabrosa y salsosa, una sola bolita caliente que resplandecía y echaba jugosos aromas y vapores mientras daba vueltas y vueltas por el sueño de Helena y por el espacio infinito y rodando caía, suavemente caía, hasta que iba a parar al fondo de una gran ensalada. Allí se quedaba, aquella bolita que éramos ella y yo; y desde el fondo de la ensalada vislumbrábamos el cielo. Nos asomábamos a duras penas a través del tupido follaje, de las lechugas, los ramajes de apio y el bosque del perejil, y alcanzábamos a ver algunas estrellas que andaban navegando en lo más lejos de la noche.
La chica estaba leyendo a Galeano en el 152; creo que esto fue en febrero. Sigo con ganas de volver a verla, leyendo a Galeano en el 152.
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Y aunque en esta foto no estás, yo te veo igual.
Despedida - Lisandro Aristimuño
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¡Cuidado con el cielo raso! Puede caerte encima en la siesta que menos lo esperabas.
Sin embargo puede servir para despabilarte. Al menos ese día me sucedió algo así. Era necesario que pasase; probablemente fue el indicio o mejor dicho el golpe, que necesitaba para levantarme, sacudirme el polvo, barrer los escombros y elegir algo nuevo para mí.
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Vos y yo (y vos también) deberíamos pararnos más seguido a pensar en las cosas que nos liberan, nos calman, nos alegran, nos hacen bien. Y una vez que las pensemos y las traigamos al frente, elegirlas de nuevo.
Lo que nos apasiona y nos hace bien nos salva hasta de la muerte. Les dejo un corto de Lubomir Benes “El músico y la muerte” que refresca siempre en mí estas ideas.
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Señoras de casa (work in progress)
La Señora que limpia, la empleada, la chica, Fátima, Doña Rosa, María, cualquiera que sea su nombre o como la llamen, siempre hay o hubo alguna mujer que trabaja o ayudo en nuestra casa, en la casa de algún familiar o un amigo y que de alguna manera marco la forma de ser y hacer de una familia.
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Antes que se vaya el calorcito subo este hermoso “paisaje cotidiano” que me regaló Cabo Polonio en este enero.
Me parece que la caminata de Valizas hasta el cabo sorteando dunas, bosta y lobos marinos muertos tuvo sentido cuando encontré esta escena tan linda. Para algunos el paraíso: 3 mujeres, casa frente al mar, asador, asado, instrumentos musicales, un faro por detrás… ¡la mesa está servida!
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Será por eso que me acuerdo de aquellas frases de amor falseadas, de esos besos de heineken tibia, de aquellos manotazos de ahogado por abajo de una blusa, como momentos de amor verdadero. De amor efímero y triste, lo sé, chaparrones de verano que no dan tiempo ni para encontrar un toldo, pero también de amor onírico e intenso, cien veces más real que otras pasiones chicle que nacen abstemias, un martes a la tarde, y agonizan moribundas años enteros.
Fragmento de “Rara, como encendida” y “Las Varoneras” de Hernan Casciari
http://orsai.bitacoras.com/2004/07/rara_como_encendida.php
http://orsai.bitacoras.com/2004/10/las_varoneras.php